«Yo defiendo al INE»

Ni uno ni otro extremo: ni el INE es perfecto, ni hay que destruirlo todo. Alejemos a los partidos (todos) del control del Instituto

Lo hemos leído y escuchado una y otra vez. El fraseo, se ha vuelto la consigna de quienes ven un ataque de la 4T al Instituto Nacional Electoral. Como en muchos otros frentes, la opinión está polarizada. Hay quienes ven un golpeteo del presidente que busca “destruir” –es la palabra que utilizan- al INE, y a quienes ven a un Instituto convertido en opositor. Y como suele ocurrir, no hay punto medio. O hay que deshacerlo tal y como existe, o hay que “salvarlo” porque es “perfecto”. Y no. Ni lo uno, ni lo otro.

Antes de centrarnos en la Consulta de revocación de mandato, que es el pretexto del jaloneo más reciente, regresemos un paso.

¿Cómo se construye, no el INE como Institución que integran miles de mexicanos, sino su Consejo general; esa élite de consejeros? No hay que darle demasiadas vueltas: por el reparto entre partidos políticos. Los partidos, de acuerdo a su presencia en la cámara de diputados, asignan posiciones; tantos legisladores tienen, tantos asientos en el Consejo general les tocan.https://d-36931851993826842678.ampproject.net/2201071715000/frame.html

La forma es tan perversa, que los consejeros llegan acotados por quienes los pusieron donde están. En otras palabras, les deben el cargo. ¿A quién representan los consejeros, entonces? ¿A los ciudadanos o a los partidos?

Vamos con la Consulta de revocación. Ya hemos escuchado a los partidos de oposición decir que NO quieren la consulta, pese a que –no hay que obviarlo- la avalaron y sus legisladores hasta la pregunta formularon. Ni la consulta estaría en la Constitución, ni la pregunta habría quedado escrita, si los legisladores de oposición no hubieran votado en el sentido en que lo hicieron. Y, además, fue de manera prácticamente unánime. Pero, en el juego de la política, los acuerdos de hoy no necesariamente son los de mañana. Así que nadie debería asustarse ni sorprenderse con el viraje. Es cálculo político-electoral. La pregunta es, si la resistencia de algunos consejeros realmente es por lo que dicen (“no hay dinero suficiente para organizarla”) o porque los partidos que los llevaron a sus cargos no la quieren.

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Porque bolsas de las que podrían echar mano, hay. Los 11 consejeros, por ejemplo, tienen para sí unos 95 millones de pesos al año a repartir entre sus asesores. Por servicio de comedor: 48 millones de pesos. Y así podríamos seguirle, entre gastos de tintorería, gasolina, telefonía móvil… bolsas donde podría meter la tijera, hay. Voluntad, a veces, es lo que falta.

También es justo decir que el plan de austeridad presentado desde la secretaría de Hacienda, por el gobierno federal, no es del todo viable. Si bien renunciar, por ejemplo, a onerosos seguros médicos o gastos excesivos en telefonía y gasolina, sería deseable, es imposible hacerlo en cuanto a la renta de oficinas y espacios físicos que son vitales para el trabajo de una Institución de las características del INE. Pero, de que puede ahorrarse, puede ahorrarse. El asunto es si la Consulta es pretexto de la oposición, a través de los consejeros, para contrastar con la 4T.

¿Los consejeros necesitan más libertad y no responder a quienes los pusieron donde están? Quizá es momento de hablar sobre cómo se designa a los integrantes del Consejo general para, realmente, ciudadanizar al Instituto. Porque, sí, #YoDefiendoAlINE, pero de unos y otros.

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN
M.LOPEZSANMARTIN@GMAIL.COM
@MLOPEZSANMARTIN

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