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domingo, mayo 26, 2024
Oaxaca

Se mantiene viva y pujante la artesanía del barro negro de Coyotepec

  • En la Expo Feria Semana Santa 2023 de San Bartolo Coyotepec, que se realiza del 3 al 16 de abril en dos mercados y el parque municipal, los visitantes pueden encontrar exposiciones, muestras gastronómicas, actividades culturales y demostraciones artesanales

San Bartolo Coyotepec, Oax. 7 de abril de 2023.- Hace más de 2,500 años los zapotecas de este municipio, que se localiza a unos 25 minutos de la capital, ya elaboraban piezas de barro negro utilitarias y de ornamento, como lo demuestran los vestigios de esa época en este lugar y que datan de la época de la tumba 7 de Monte Albán.

Hoy los artesanos zapotecos muestran orgullosos sus habilidades y maestría en la elaboración de hermosas piezas que se exponen en la Expo Feria Semana Santa 2023, que se realiza del 3 al 16 de abril en dos mercados y el parque municipal desde las 9 de la mañana hasta las 10 de la noche.

Cierro mis ojos y veo a mis abuelos con sus burros cargados de cántaros

A Zenaida Simón López se le humedecen los ojos y su mirada se pierde en el infinito del recuerdo al platicar de sus abuelos y padres, con quienes a los 6 o 7 años empezó a viajar a pie y en burro para ir a vender cántaros a Ejutla, Miahuatlán, Ocotlán, San Miguel Minas, Tlacolula y Zaachila.

Dedicada desde hace 54 años al barro negro, platica vívidamente cómo cruzaba el caudaloso río Atoyac y el agua le llegaba al pecho, para ir a vender sus cántaros a Zaachila.

Zenaida dice que “mi mamá es de madera fuerte, tiene 87 años y cuando yo era niña íbamos a Zaachila. Hasta el pecho me llegaba el agua del río. Me pasaban en burro, mi papá se quitaba el pantalón y se mojaba los calzones. Llevábamos el burro lleno de cántaros. Mi papá me dijo que aprendiera yo a hacer los cántaros porque así iba yo a viajar, porque él quería que fuera yo viajera”.

Trabajadora desde niña, Zenaida no pierde el buen humor al platicar, pero se humedecen sus ojos al hablar de sus antepasados. “Mi bisabuela y abuelita viajaban a Ejutla por un camino entre el cerro. Mis tatarabuelos también, mis tíos, todos se iban 10 o 15 días a vender en los mercados los cántaros para regar y para sacar el agua del pozo. Se iban cargados con tres, cuatro o cinco burros y traían las cosas para comer. Aquí no se compraba nada en el pueblo, no había tiendas. Así fue antiguamente, yo cierro mis ojos y veo a mis abuelos con sus burros y sus cántaros”.

Explica cómo se hacía el intercambio de mercancías en las principales plazas de Oaxaca: “feriar le decían. Llegábamos a las 9 de la mañana a vender y la una ya cambiábamos un juguete, una jarrita por tomate, por chile para los gastos de la cocina. Se comparaba azúcar, panela para el atole. Yo molía el maíz en el metate y hacíamos atole. Comprábamos tasajo seco para comer con salsa y frijoles”.

Relata que el barro negro se empezó a trabajar con cántaros de color gris plata para el agua “se iba entre el pozo y sonaba pum, y no se rompía. Es un horneado especial para que resista el agua. Se cose calentando lento enfocando el calor. Lleva más de 16 horas con la leña para que salga el cocido antiguo. Yo hago piezas para el agua, para la sopa. Yo soy la única que tiene platos, vasos, jarras lisas para el agua”.

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