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lunes, mayo 27, 2024
Nacional

Recorrido de Los Espías en Tzintzuntzan, entre el fervor y el sincretismo

Mantienen vivos rituales que iniciaron hace 500 años. veneran a 12 cristos

Los habitantes de Tzintzuntzan, en la zona lacustre de Michoacán, conservan una de las tradiciones de Semana Santa más antiguas entre las comunidades indígenas del estado, en la que se enaltecen figuras religiosas con una antigüedad de casi 500 años.

En esta comunidad situada en la ribera del Lago de Pátzcuaro, la Semana Santa inicia el miércoles con la llegada de los espías que buscan a Cristo entre las calles del pueblo.https://324560d38e192f761d36b47784783a06.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html?n=0

Vestidos con capuchas rojas, ropa de manta, sin zapatos y montados a caballos, los espías recorren las calles de Tzintzuntzan al tiempo que silban para anunciar que están ahí, en sus búsqueda de Jesús de Nazareth.https://d-34526919183059864908.ampproject.net/2203172113000/frame.html

Ángel Camacho, un joven de 19 años, se dice orgullos de ser uno de los espías que participan en la judea de este año.https://324560d38e192f761d36b47784783a06.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html?n=0

«Es muy bonito ser parte de esta representación y llevar esta tradición, ya que nosotros somos los herederos de ésta y la responsabilidad de mantenerla viva es nuestra», compartió.

Durante el jueves, los espías continúan su recorrido por el pueblo, y posteriormente, visitan 12 casas donde se colocan altares para igual número de cristos que antaño, se veneraban en las parroquias de los barrios de Tzintzuntzan.

Los lugareños cuentan que los cristos fueron traídos por los conquistadores españoles y colocados en las capillas de los barrios para evangelizar a los nativos, pero debido a diversos conflictos por los que atravesó la comunidad, las 12 figuras fueron extraídas y entregadas a distintas familias indígenas.

Desde entonces, un reducido grupo de habitantes mantienen bajo su resguardo las piezas  hechas a mano durante la época colonial con pasta de caña.

Una de las figuras de Cristo más antiguas es la que correspondió a la capilla del Barrio de San Juan, la cual se calcula fue elaborada en el año 1580.

Actualmente está bajo resguardo de la familia Campos, quienes consideran a esta figura como un integrante más.

«Este Cristo va para 450 años, está hecho de pasta de caña y pesa cerca de seis kilos. Para mi familia ya no solo es una pieza de colección en cuanto a lo artístico o histórico, se ha convertido en un habitante más, por el hecho de verlo diario ya lo sentimos como parte de nosotros», expresó Carlos Ernesto Campos.

En otra vivienda cercana a la casa del Cristo de San Juan, otra familia conserva desde hace cinco generaciones al Cristo del Barrio de San Pedro.

Con algunas restauraciones pagadas por los propios miembros de la familia, la imagen ha logrado conservarse prácticamente intacta.

«Esta pieza es del Siglo XVI se ha conservado gracias al extremo cuidado desde nuestros papás. Tiene su espacio especial, se le ha dado mantenimiento, se le han hecho restauraciones porque esa no es su pintura original, entró a una cámara especial para quitarle la polilla; ahorita ya no necesita restauración», explicó la propietaria María Socorro Saldivar Morales.

A todas las casas que albergan a un cristo antiquísimo, llegan los «soldados romanos», quienes se hincan frente a las efigies religiosas, se persignan y después reciben algún alimento para retomar fuerzas y seguir con la búsqueda de Jesucristo.

La visita de los espías amerita que las familias se reúnan para colocar los altares en la casa del Cristo, preparar los alimentos que ofrecerán a los participantes y después, convivir en un ambiente de respeto hacia  los Días Santos.

Esta peculiar forma de celebrar el momento litúrgico más importante para los católicos, ha logrado sobrevivir a cientos de años y las generaciones más jóvenes se niegan a perder la tradición.

«Desde niños se nos va forjando la convivencia con los Jesucristos. Para los niños es muy bonito venir a conocer estas figuras que nos cuidan», dice la joven Esperanza, mientras visita al Cristo del Barrio de San Miguel en la casa de sus abuelos, acompañada de su hermana y su prima, quienes pese a su corta edad, admiran con fervor la figura que los hace sentir orgullosos.

MAAZ

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