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jueves, mayo 23, 2024
Politica

La demagogia respecto a los ‘sueldos elevadísimos’

Las acusaciones contra los ‘elevadísimos’ salarios de los consejeros del INE y los ministros de la SCJN han servido para transformar instituciones a la conveniencia de López Obrador.

Los supuestos “sueldos elevadísimos” de un grupo de funcionarios públicos, que trabajan en el INE o en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), se han convertido en el principal eje demagógico de AMLO y de sus ideólogos, voceros, miembros del partido y legisladores de Morena.

En el fondo, ellos y ellas también andan en busca de un buen ingreso. Criticar lo que critica el presidente se ha convertido en el deporte favorito de esa clase política, porque sólo así serán incluidos en la estructura de gobierno o de poder. Les permitirá reciclarse, permanecer subidos en el presupuesto público, y por supuesto, seguir ganando bien. Hay familias enteras en la estructura de gobierno, amigos y amigas de AMLO, que no dejan de cobrar.

marzo 29, 2023 | 15:20 pm hrs

Los supuestos “sueldos elevadísimos” de un grupo de funcionarios públicos, que trabajan en el INE o en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), se han convertido en el principal eje demagógico de AMLO y de sus ideólogos, voceros, miembros del partido y legisladores de Morena.

En el fondo, ellos y ellas también andan en busca de un buen ingreso. Criticar lo que critica el presidente se ha convertido en el deporte favorito de esa clase política, porque sólo así serán incluidos en la estructura de gobierno o de poder. Les permitirá reciclarse, permanecer subidos en el presupuesto público, y por supuesto, seguir ganando bien. Hay familias enteras en la estructura de gobierno, amigos y amigas de AMLO, que no dejan de cobrar.Playvolume

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AMLO ha lanzado esa estrategia discursiva, poco creíble, cuando al mismo tiempo su séquito ostenta una vida lujosa, conquistada a partir del arte de escalar, horizontal y verticalmente, puestos dentro del Estado mexicano; o bien, ser beneficiados con jugosos contratos, incluso aunque carezcan de capacidades. Para muchos de ellos, el salario es lo de menos, mientras sean los elegidos para hacer otros business.

No obstante, el discurso contra los “sueldos elevadísimos” ha sido muy eficiente para convencer a millones de personas, sobre todo a los más pobres, de que existe una oligarquía conservadora que se ha adueñado de las instituciones del país. Paradójicamente, en este sexenio, la pobreza se ha incrementado al sumar cuatro millones de mexicanos más.

Bajar salarios en el INE o en otra instancia, no significa que habrá desarrollo en el país, al contrario, impacta negativamente en la selectividad de los puestos gerenciales, a partir de la óptima profesionalización y experiencia de quienes los dirigen. De esta forma, mientras AMLO critica en su discurso diario los “sueldos elevadísimos” de funcionarios públicos, antagónicos a sus pretensiones, también sirve para ocultar sus pocos esfuerzos en frenar la corrupción e impunidad, pongamos como ejemplo lo que sucede en Segalmex, uno de sus proyectos estrella.

Un “sueldo elevadísimo” (¿cuánto es un sueldo elevadísimo y cuánto no?) por sí mismo no debe ser una ofensa, ni mucho menos una estigmatización o ser merecedor a una persecución; sí lo es cuando se obtienen ganancias alternas porque los servidores públicos incurren en actos de corrupción, o porque obtienen sobornos o prebendas por ser cercanos al poder. Por cierto, hay muchos casos así en la actual administración.

Pongamos, por ejemplo, los negocios en el sector salud del exdelegado federal en Jalisco, Carlos Lomelí; o bien, los contratos que celebró el hijo de Manuel Bartlett con el IMSS para adquirir 20 ventiladores para pacientes con Covid, por un valor de 1.5 millones de pesos cada uno. No se digan las adjudicaciones directas, donde casi 80 por ciento se han realizado de esa forma, a pesar de que el Plan Nacional de Desarrollo establece que las adjudicaciones directas estarían prohibidas durante el actual sexenio.

La narrativa de AMLO, entre ricos y pobres, donde los primeros son los malos, le ha permitido iniciar campañas de desprestigio contra instituciones que le han sido incómodas para sus objetivos, regidos por una visión unipersonal donde no acepta contrapesos y mucho menos críticas.

Por eso, las acusaciones contra los salarios de los consejeros del INE y los ministros de la SCJN han sido un medio para llegar a su fin, es decir, transformar diversas instituciones a su conveniencia. AMLO se ha obsesionado en modificar las reglas del juego electorales sin consenso, consulta, ni negociación. Primero quiso imponer su plan A, luego el B, hasta quedarse con las manos vacías.

No entendió que su gobierno cuenta con poderes y contrapesos, incluida la sociedad. Pero como no acepta errores y derrotas, regresa a su efectivo discurso incendiario culpando a los demás, y al mismo tiempo, amalgamando a su base de apoyo.

Peor en democracia, no hay mayor beneficio que cuando las decisiones de Estado son consensuadas por los diversos actores. Pongamos como ejemplos lo que sucede en Francia con la imposición unilateral de la reforma de pensiones y jubilaciones; o en Israel, con la reforma al Poder Judicial, que sin consensos, la gente se ha volcado a las calles de ambos países, en el primero contra el presidente Emmanuel Macron y en el segundo, contra el primer ministro, Benjamín Netanyahu.

Las pretensiones centrales de AMLO en reformar al INE, no son bajar los “sueldos elevadísimos”, sino debilitar la estructura operativa y profesional del Instituto para que sea la creciente estructura de Morena, la que opere las elecciones y asegure triunfos repetidamente.

El presidente, en lugar de fortalecer la estructura del INE con independencia, profesionalización, arraigo en los estados y municipios, se ha propuesto todo lo contrario, debilitarla. Que le pregunte a Manuel Bartlett, experto en el tema, sobre la importancia de un INE fuerte, precisamente para no manipular los resultados.

Por eso, mientras los mercachifles de la política se reparten jugosos presupuestos a mansalva y sin pudor, y juegan a la moral y ética de la 4T al criticar los “salarios elevadísimos”, sería oportuno que, primero, revisen sus bolsillos y dejen de debilitar la democracia mexicana.

El autor es periodista mexicano especializado en asuntos internacionales.

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