Del otro tren chairo

La piedra en el zapato azote de huleras y culebros.

Por Manuel Ábrego.

Veracruz.- Hagamos Historia, no sin antes mencionar que algunos datos no son de mi cosecha, sino de diferentes publicaciones.

Quien fuera representante diplomático de Porfirio Díaz ante Estados Unidos, Lic. Manuel María de Zamacona, se aventó la siguiente evenflada: “Los caminos de hierro resolverán todas las cuestiones, políticas, sociales y económicas que no han podido resolver el patriotismo, la abnegación y la sangre de dos generaciones. El vandalismo y la miseria huirán ante la locomotora. El trabajo tomará más vuelo y crecerán con él la riqueza y la moralidad”. Quizá con esa idea en mente, el Señor General Don Porfirio Díaz Mori nos legó poco más de ciento diecinueve mil kilómetros de vías.

Aunque en ese entonces, los mexicas no podían aspirar a mucho en los ferrocarriles, pues los gringos eran maquinistas o jefes de estación. En mil ochocientos noventa y cuatro, un inglés de apellido Stanhope operaba un tren con terminales en Salina Cruz y Puerto México, hoy Coatzacoalcos.

Algo no gustó, por lo que al terminar el Siglo diecinueve, se le dio la concesión a otro británico, Weetman Dickinson Pearson, dueño de la compañía Pearson and Son Limited.

NOTA PARA CHAIROS: Son en inglés significa “hijo”, no vayan a pensar que se trata del son jarocho.

Don Porfirio en persona supervisó en mil novecientos cinco las obras, y en mil novecientos siete vino la grandiosa reinauguración. El veintidós de enero del mencionado año, el dictador que venía desde México y había pernoctado en Córdoba el día anterior, pasa por Tierra Blanca, el hoy Tres Valles, Papaloapan y llega a Matías Romero.

Ahí se duerme, y el veintitrés arribó a Salina Cruz. Ese día y con gran solemnidad y acompañamiento de invitados nacionales y extranjeros, reinaugura la ruta, cuyo convoy llevó azúcar, que era la carga del barco “Arizonian” hacia Coatzacoalcos en donde esperaba para ser descargado el barco “Lewis Luckenbach”, con carga general.

Empezó el auge de esa vía el cual se pierde cuando los gringos se olvidan del ferrocarril istmeño y se concentran en el Canal de Panamá, es entonces cuando de sesenta viajes diarios que se llegaron a efectuar, desciende a uno diario.

Como curiosidad comentamos que incluso se llegó a diseñar un proyecto para mover barcos en un aparato especial jalado sobre muchas vías paralelas por muchas locomotoras en ambos sentidos.

Hoy se habla por parte del Sr. Andrés Manuel López Obrador de revivir la dichosa ruta, la cual junto con el tren al que se le dará el nombre de “Tren Maya”, se pretende que operen muy cerca de la tierra natal de AMLO, Tabasco. ¿Y eso?
Dejando de lado que hay muy buenas carreteras en el Istmo, el aumento del terrorismo y el desplazamiento que podrían sufrir y combatir algunos de los transportistas de la región, hay que analizar y no dejarse guiar por las consultas, los resultados de la puesta en marcha del ambicioso proyecto.

Ya un analista económico consideró que es más barato y fácil que los navíos den la vuelta por el Canal de Panamá a que bajen contenedores en Salina Cruz o Coatzacoalcos y los lleven por ferrocarril al otro extremo de la vía.

Solamente los empresarios constructores saldrían ganando.

¿A qué le seguimos buscando? ¿A enfrentar mexicanos contra mexicanos con las consultas? ¿A que el gobierno paralelo llamado Sector Empresarial continúe igual que con el PRI?

Tuvimos genios del transporte como Carlos Hank González y Rubén Figueroa.

Genios financieros como Carlos Salinas de Gortari y Carlos Slim, entre otros. Si no revivieron el ferrocarril del istmo, por algo fue, quizá no le vieron futuro.

¡En la torre!, dijo el buitre y siguió bailando, pero al ritmo de: “Una vez en el Tren Chairo yo viajaba”.

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