VIVIR EN LA INCERTIDUMBRE
Por Boris González Ceja
Hay mañanas en que despiertas con pesadillas y ese peso raro en el pecho. No sabes bien si es preocupación, fatiga o simplemente el hartazgo de leer noticias sin sentido que envenenan. Lo que sientes tiene nombre: es el costo emocional de vivir en tiempos inciertos.
Las crisis políticas, sociales y geopolíticas no afectan solo a quienes están en el centro del conflicto. Aunque estés a miles de kilómetros de una guerra o a salvo de la violencia directa, tu sistema nervioso registra la alarma. La inestabilidad del mundo se cuela en tu cuerpo, en tu sueño, en tu capacidad de concentrarte, de disfrutar o de imaginar el futuro.
Eso no es debilidad. Es una respuesta humana completamente válida.
Lo que el cuerpo siente antes de que lo pienses
La ansiedad y la depresión que ya existían se intensifican con la inestabilidad. Pero incluso quienes nunca habían lidiado con estas experiencias pueden encontrarse irritables, sin energía, incapaces de dormir bien o de soltar el teléfono aunque les genere malestar. El ciclo informativo constante alimenta una sensación de amenaza que tu cerebro no distingue si está cerca o lejos.
La proximidad a las noticias —aunque sea solo a través de la pantalla— amplifica la sensación de no tener control. Y cuando sentimos que no controlamos nada, el miedo y la preocupación se instalan.
Herramientas que sí funcionan
La buena noticia: las mismas estrategias que usas para atravesar otras etapas difíciles de tu vida funcionan aquí también. No necesitas inventar nada nuevo. Necesitas recordar lo que ya sabes sobre cuidarte.
Establece un horario para informarte. No al despertar, no antes de dormir. Elige un momento del día y combínalo con algo que te haga bien. Tu sistema nervioso necesita saber que hay vida más allá de la pantalla.
Mueve tu cuerpo, todos los días. No porque te lo merezca o porque sea una obligación, sino porque tu cuerpo es el primer lugar donde vives el miedo y también el primer lugar donde puedes soltarlo.
No rompas tus rutinas. Las celebraciones, los encuentros, los rituales cotidianos son anclas. Cuando el mundo se sacude, las rutinas son una forma de decirle a tu mente: aquí, en este espacio, hay orden.
Busca a las personas. La conexión social protege la salud mental más de lo que imaginamos. No tienes que hablar de política. A veces basta con estar.
Tus emociones no necesitan justificarse
Enojo, miedo, esperanza, alivio, tristeza, euforia. Todo eso puede coexistir en un mismo día, a veces en una misma hora. No hay emoción incorrecta frente a lo que vivimos.
El sufrimiento emocional no entiende de banderas ni de partidos. La incertidumbre duele de forma parecida en personas con visiones políticas opuestas. Cuando alguien a tu lado exprese angustia, antes de responder con argumentos, pregunta: ¿Cómo te está afectando esto? Esa pregunta abre puertas que los debates cierran.
Y háblate a ti misma con esa misma amabilidad. Si no puedes concentrarte, si el día se siente cargado sin razón aparente, no eres perezosa ni ineficaz. Eres humana. Y los seres humanos necesitan más energía emocional cuando el entorno es inestable.
Los jóvenes también necesitan que alguien los vea
Los jóvenes que conoces —tus hijos, sobrinos, vecinos— crecen con una desconfianza profunda en las instituciones y una sensación de impotencia ante el futuro. No los dejes solos en eso. Un mensaje de texto, una pregunta genuina, una mirada que diga “tú importas” puede ser más poderosa de lo que imaginas.
Límites, rutinas y autocompasión: el trío que sostiene
Hay algo que la ciencia psicológica confirma una y otra vez: la salud mental se protege con límites razonables, con rutinas, con autocuidado y con conversaciones que construyen en lugar de dividir. No se trata de ignorar lo que pasa afuera. Se trata de no perder lo que eres mientras lo enfrentas.
En medio de la crisis, los seres humanos buscamos explicaciones simples y certezas rápidas. Cuando no las encontramos, caemos en la apatía o el cinismo. Pero hay una tercera vía: seguir actuando desde lo que sí podemos controlar. Cómo dormimos. Cómo nos alimentamos. Cómo hablamos con quienes queremos. Cómo nos hablamos a nosotras mismas.
Causas y azares…
• El autismo político de los presidentes municipales es notorio. ¿Quieren un ejemplo o ya saben de quien hablamos? Tenemos datos de que con sus esposas tienen Centros de Autismo con más de 7 millones de pesos que dicen se gastan al año, y nunca se ve a nadie atendiéndose. Para robar ya ni se disimula.
• La reforma electoral es el asco de miles de mexicanos que ya no se creen todo lo que dicen esos vividores: Baja California, Morelos y Michoacán lideran esas listas de diputados inútiles.
• ¿Por qué se ofende la población por una fiesta de 15 años en México? Por la corrupción que hay detrás, donde se dice que PEMEX está en quiebra y se siguen robando miles de millones de pesos, dejando las áreas esenciales del país desprotegidas.
Hasta la próxima, que yo creo que todas las armas son nefastas.
