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jueves, abril 25, 2024
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Un nuevo AMLO

Es una suposición que se basa en lo que puede recomendarse para la gente usando un poco de lógica.

Supongamos que, por algún motivo, Andrés Manuel López Obrador da un giro en sus políticas para acelerar la economía del país. Señor presidente, pongámoslo en términos deportivos: las autoridades de las ligas mayores cambiaron la estructura de la pelota de béisbol en 2019, como usted sabe, por eso ahora vuela más con el golpe del bat.

Eso provocó que ahora haya más jonrones y usted entiende que por esa razón, los managers apuestan por el grand slam y marginan el delicioso ‘beisbol pequeño’, del hit and run, del robo de base y el toque de bola. El de los jonrones es el nuevo beisbol y Cody Bellinger lo mostró la temporada pasada con los Dodgers y su campeonato que muchos celebramos.

Esta columna fue escrita antes de que comenzara el juego del Super Bowl de la NFL.

El campeón hasta la mañana del domingo era Patrick Mahomes, un joven que muestra una nueva dinámica del juego: la del pasador que además de ser estratega, es fuerte y un extraordinario corredor, capaz de avanzar yardas usando sus piernas. Es un nuevo fútbol americano que ha mostrado ser más exitoso para llegar a las finales.

Los deportes cambian y la economía cambia, presidente. La política de hacer crecer al país con el petróleo no va a funcionar.

Las mayores petroleras del mundo representan un gran negocio, por supuesto, pero no consiguen aproximarse a lo que las compañías tecnológicas ofrecen a sus empleados y a la población. Son más ricas, más prósperas.

Exxon acabó 2020 con un margen de ganancia de apenas 10 dólares por cada 100 que cobró. Claro, fue un mal año, pero incluso en 2013 cuando el barril de petróleo rondaba los 100 dólares, esa compañía obtuvo un margen de 14.7 por ciento. Es EBITDA, presidente, la ganancia que resta antes de pagar impuestos.

En 2020, el porcentaje de EBITDA de otras grandes petroleras como BP, fue de 10 por ciento, la de Chevron fue de 20 por ciento.

Las tecnológicas juegan en otras ligas: Nvidia, la empresa que fabricó probablemente el procesador u otras piezas en el teléfono que tiene en el bolsillo, cerró 2020 con un margen cercano a 40 por ciento; Microsoft, un ejemplo de adaptación al cambio, 48 por ciento. Google, Facebook… todas obtienen más de 30 dólares por cada 100 que facturan.

El juego cambió: de fabricar computadoras a dar servicios recolección y almacenamiento de datos. Pero no es el único negocio que se agitó.

Los medicamentos y sus efectos se trasladan ahora a las soluciones genéticas. Usted conoce bien la empresa Pfizer, de cuyas vacunas depende la vida y la economía de los mexicanos. Su margen roza 50 por ciento.

En el caso de la energía, presidente, si usted se limita a buscar por su cuenta en lugar de escuchar a quienes tiene al lado, se sorprenderá de cuánto han bajado los costos de producir electricidad con el viento y el sol.

Comprenderá por qué razón el economista Jeffrey Sachs sugirió cambiar a Pemex por Solarmex, creando una empresa gigantesca capaz de abastecer a California, Arizona y Nevada con la inmensa cantidad de radiación que recibe el desierto de Sonora.

Usted, presidente, quizá piensa que una economía puede sostenerse con los hidrocarburos. Lo intenta sin suerte Vladimir Putin, en Rusia, por ejemplo, en donde el ingreso promedio de los habitantes es de 11 mil dólares anuales, muy parecido al de chinos, o mexicanos, pero lejano de la situación de 31 mil dólares de los coreanos o 38 mil de los japoneses. Lea, por ejemplo, lo que escribió la semana pasada Thomas Friedman al respecto: “Las siete principales exportaciones de Putin son: petróleo y gas (52 por ciento); hierro; metales preciosos; maquinaria y computadoras (2.1 por ciento); madera; fertilizante; y cereales. Para un país con tanto talento humano, eso es patético”.

Los recursos naturales, presidente, fueron importantes en otra era. México necesita a un nuevo AMLO que lo entienda, para que prepare a su gente para los nuevos retos del mundo y los enfile hacia una era de prosperidad. De lo contrario, presidente, usted está poniendo en riesgo incluso su memoria, el recuerdo de usted que al final quedará escrito en libros.

El autor es director general de Proyectos Especiales y Ediciones Regionales de El Financiero

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