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miércoles, abril 17, 2024
Columnas

La piedra en el zapato, azote de huleras y culebros.

De la Emancipación de Tres Valles.


Por Manuel Ábrego.

Si usted visita a Don Artemio Reyes López lo hallará en un semi retiro de sus anteriores actividades, las cuales desembocaron en la creación de una gran fuente de empleos en los estados de Veracruz y Oaxaca.
Y si le pregunta de su participación en la Emancipación de Tres Valles, dirá que no le gustan los reflectores. Lejos están los días en que integrantes de alguno de los Comités para la liberación de Municipio recibían de sus manos dinero, gasolina o incluso el transporte en automóvil a Xalapa.
Para ir a luchar, por supuesto. Hoy pocos le toman en cuenta, al igual que a los obreros sindicalizados de la entonces papelera MEXPAPE, a quienes para apoyar al último Comité les pidieron una cooperación de cien pesos. Fueron setecientos sesenta y tres elementos los que cooperaron.
Había una persona que cuando le pedían apoyo para la emancipación, contestaba que estaban locos, que lo que dijera su ahijado Fidel era lo que había que hacer, y remataba: “Lo que diga mi dedito, y es No”, moviendo su dedo índice en forma de negar. Hay testigos vivos, no fui el único que lo oyó.
Era el cura Gabriel Martínez Hernández, a quien hoy nos quieren presentar como emancipador, cuando no aparece en ninguna lista de los sucesivos Comités. La referencia más visible, que no por eso es exacta, está en una placa en Palacio que mandó hacer Joaquín Vivas cuando fue diputado.
Y según más referencias, fue el hoy extinto emancipador Don Manuel Zamora, quien le incluyó en la lista de libertadores, no sabemos porqué. Se podría argumentar que no aparecía por ser gente de Iglesia, lo cual no le impidió intrigar contra algunos vecinos de Tres Valles.
Tenemos papeles donde están los nombres de los luchadores, como decía el señor general Don Francisco Villa, “Con sellos y toda la cosa”. El mismo Ing. Antonio Yáñez López, de grata memoria, hoy fallecido Cronista Municipal, una vez lo mencionó en una revista del Gobierno del Estado.
Solamente dijo que por su acercamiento con el mundo de la política contribuyó a la emancipación, en un término muy vago y algo tímido, quizá porque no había modo de definir su actitud del religioso. Quizá sea ya tiempo de que algunos hechos negativos pasen al basurero de la Historia Municipal.
¡En la torre!, dijo el buitre y siguió bailando, pero al ritmo de: “Falsedad, hasta dónde nos vas a llevar”.

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