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domingo, abril 21, 2024
ColumnasNacional

La fuerza del movimiento por los derechos de las mujeres

El movimiento en favor de los derechos de las mujeres es una de las fuerzas –social y ciudadanas– con mayor capacidad de impacto que existe en México. Pareciera incluso que su potencial de decidir quién y cómo se gobierna no tiene rival en ningún otro grupo social. Por ello, probablemente –y por su autonomía– desde el gobierno se le ve con recelo.

Pudiera pensarse que su fuerza se debe a una lógica aritmética: después de todo, son el 51.2% de la población y el 52% del electorado. No obstante, son las características de fondo de este movimiento las que en los últimos años han permitido que sus reivindicaciones se coloquen irrevocablemente en la agenda nacional, con una fuerte presencia en los medios, en las redes y en las calles.

En primer lugar, está la legitimidad de su causa. Ninguna otra expresión ciudadana (y menos los partidos políticos) posee una agenda tan articulada y concreta que dé representación a un grupo social tan amplio, con la erradicación de las violencias de género como punto central. En este sentido, es la única manifestación ciudadana que ha logrado disputarle al gobierno el espacio de la indignación legítima.

Su claridad programática le permite, además, ser un movimiento multi-generacional y transversal –socialmente hablando–   que trasciende militancias e ideologías políticas, lo cual le concede un amplio margen de autonomía respecto a actores políticos tradicionales.

Otra característica es su capacidad de organización y movilización. De hecho, este movimiento es el único con presencia orgánica en las calles, es decir que no depende de estructuras clientelares. Un movimiento que ha sido capaz de ocupar el espacio público y manifestar su inconformidad de manera masiva a partir del respaldo y la participación espontánea.

A fuerza de organización y presión, instituciones públicas y privadas de todo tipo; escuelas; partidos políticos y gobernantes escuchan y adoptan cada vez más sus demandas. Son muchos los pendientes: desde el impulso a la igualdad salarial, mayor acceso al mercado laboral formal, disminución de las cargas de trabajo no remunerado, hasta el fortalecimiento de los sistemas de cuidados, el acceso a sistemas especializados de salud, entre muchos otros.

Pero el empuje social y político ha sido capaz de derribar grandes barreras y no se detendrá mientras las brechas sigan siendo grandes. Podemos estar o no de acuerdo en los métodos de manifestación y presión que ejerce este movimiento tan diverso, pero es innegable que la causa de su indignación es justificada.

Por eso, más allá de la valla física, la valla de la cerrazón presidencial es muy grave. Contrario a lo que se desea en palacio nacional, el movimiento feminista no desaparecerá. Todo lo contrario, la intransigencia presidencial puede enardecerlo aún más. La violencia en las calles es síntoma de una gobernanza fallida; de un gobierno soberbio, obstinado y, francamente, inoperante. Las mujeres lo han puesto en evidencia como nadie más.

POR GUILLERMO LERDO DE TEJADA
@GUILLERMOLERDO

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